El senador liberal le pide coherencia al expresidente Gaviria, insiste que las toldas rojas deben alejarse de la derecha y construir una coalición con organizaciones sociales y partidos alternativos, y prende las alertas sobre la violencia y su relación entre narcotraficantes y gobernantes locales.

Usted ha sido crítico con el rumbo que ha tomado su colectividad. ¿Cómo ve al Partido Liberal? 

El Partido Liberal se ha ubicado del lado de causas populares. Es libertario, capaz de enfrentarse al establecimiento. Para dar una idea primera gran lucha de los liberales fue cuando José Ilario López en su presidencia logró en 1851 que el Congreso aboliera la esclavitud. No dimensionamos lo que fue esa lucha, pero López se enfrentó a sus amigos esclavistas de Popayán. Pero ese partido no lo estoy viendo. Veo un partido que se acomoda, que se utiliza para hacer transacciones muy pequeñas y no grandes transformaciones de la sociedad. El Partido tiene que dejar de ser un dispensador de avales.

Esa tensión sobre el rumbo del partido se hizo más evidente en la convención liberal, en la que reeligieron al expresidente César Gaviria como director. ¿Qué le molestó?

Cuando se dio la votación había un solo candidato, no estaban alistados los micrófonos, era imposible pedir la palabra. Y cuando se iba a votar, los que querían votar por el “no” los mandaban a otro link para explicarles cómo votar. Propuse en esa convención que abriéramos la posibilidad de hacer posteriormente una convención presencial, en donde los liberales definiéramos claramente una posición ideológica y las bancadas del Congreso tuvieran que asumirlas. Para eso planteé la posibilidad de presentar nuevos liderazgos. Hubiese preferido que a la dirección del Partido llegara nueva gente, como se lo dije al expresidente: usted no necesita ser director del partido para que los liberales lo escuchen. Abra espacios, meta a un joven socialdemócrata, traiga a un líder de las regiones, a una mujer, que conformen la dirección del partido. Los partidos tradicionales nos estamos quedando cortos.

¿Considera que es una equivocación que el expresidente Gaviria siga como director?

No es algo contra la persona de César Gaviria. Es un llamado a la organización política liberal, porque el partido que no sea capaz de renovarse va a desaparecer. El tema central de mi debate no era si Gaviria era o no director del partido, sino hacia dónde va la colectividad. No quiero que el partido sea un instrumento para lavarle la cara a una derecha y volverle a entregar el poder. Porque la derecha no lo ha hecho bien en el poder. Ese debate no lo dejaron dar en la convención.

Ahora, el señor expresidente hizo un buen discurso, en donde toma profunda distancia con el gobierno de Iván Duque, le critica el manejo de la paz, de la pandemia, de la economía. Pero a mí siempre me han enseñado que la única manera de lograr el apoyo de los colombianos es la coherencia. Uno no puede echarse un discurso de una hora contra un gobierno al que la bancada que él dirige le ha votado todo en el Congreso.

Los ciudadanos tienen memoria y los liberales del país nunca entendieron que en un momento Gaviria le dijera al expresidente Uribe “mentiroso, mentiroso, mentiroso”, y a los dos meses les pidiera a todos los militantes del partido que votáramos por el candidato de Uribe. Esas cosas rompen la credibilidad de un partido, a pesar de su historia tan importante. El liberalismo debería tener la fuerza para enfrentarse a un establecimiento caduco, al que evidentemente le ha quedado grande el manejo del país. Lo digo con hechos: hoy Colombia es uno de los cinco países más desiguales del mundo.

¿Hacia dónde debe ir el partido?

Debe acercarse a las organizaciones sociales y a los partidos alternativos. Debemos renovarnos como fuerza política. Insisto: la pregunta hacia dónde va el liberalismo no se responde con un discurso, sino siendo coherente con el discurso que uno se echa. En el país se deben hacer unas reformas económicas y políticas de fondo. Y ese debería ser un espacio liberal, pero yo veo a los liberales, en vez de buscar ese espacio, cada vez más asustados y viendo a ver si el gobierno les da un poquito de aire. Los liberales quedaron hipotecados a la mermelada y pidiendo migajas de poder, porque ni siquiera tenemos vocación de poder, y un partido debe tenerla para transformar la sociedad.

Lo explico con este ejemplo: en la convención liberal, un representante me respondió que, como él, hay algunos políticos que hacen política llevando polideportivos y “cositas” al pueblo, y si no le votan los proyectos al Gobierno, pues no pueden hacer realidad esas promesas. Pero eso no puede ser así. No es posible que todavía se voten en el Congreso proyectos y reformas regresivas a cambio de un polideportivo. Ese es el debate que quiero dar. No es fácil, pero en las regiones hay varios líderes que esperan ampliar la democracia para entrar en la discusión.

¿Y si el Partido Liberal no se apropia de esa transformación? ¿Considera dejarlo?

No, entre otras cosas porque quizá no tenemos los votos en el Congreso, pero sí los amigos en las calles. Voy a dar la pelea para tratar que el liberalismo asuma posiciones más cercanas a las necesidades de la gente.

Ahora, respecto al partido quiero reiterar que la legitimidad no la da una convención. Le he planteado a varios militantes del partido realizar esa renovación liberal. Algo así como un gran foro en el que participen varios dirigentes y hablemos del futuro del liberalismo. Pero si el Partido Liberal no lo asume, lo hacemos nosotros mismos, los liberales de pensamiento. Que haya una consulta con miras a las elecciones de 2022, y que varios partidos liberales, de vertiente socialdemócrata, presenten sus candidatos y demos el debate.

¿En qué va ese acercamiento con otros liberales de pensamiento?

El primer acercamiento es asumir posiciones en común. Quienes tenemos un pensamiento liberal debemos tener unas coincidencias: defensa al acuerdo de paz, capacidad de crítica frente a la ley 100 y su necesidad de transformarla, los temas medioambientales. Se han dado conversaciones informales en torno a esos temas y debemos ayudar a la construcción de una coalición de ese tipo. Como dijo Humberto de la Calle: una coalición sin vetos, pero pongámonos de acuerdo en un programa. No podemos enfrentar caudillismos de derecha con unos de izquierda.

Creo que las condiciones están dadas para que una propuesta socialdemócrata gobierne a Colombia. Lo único que evitaría que eso se concrete son los egos de los dirigentes socialdemócratas. Si rompemos egos, logramos construir algo.

¿Qué tan posible es materializar esa propuesta en el precario contexto actual de violencia y pandemia?

Va a haber una oportunidad muy interesante. Recordemos que la pandemia no genera la crisis social del país, pero la desnuda y la acelera. El próximo año, cuando salgamos de la primera ola de contagio del virus, habrá millones de colombianos pobres. En las regiones, los únicos que tendrán dinero serán los narcos, mineros criminales (no ilegales), y políticos corruptos. El ataque a las instituciones va a ser violento porque el que tenga plata y poder muy seguramente lo ha obtenido de forma criminal e ilegítima. El reto democrático es que los partidos se enfrenten a esa gente, y no dejarse cooptar por ellos. Quiero prender las alarmas y llamo al Partido Liberal a que esté del lado correcto de la historia.

Sobre la violencia, las masacres sacuden el país nuevamente y ustedes como políticos tienen responsabilidad de enfrentar lo que está pasando. ¿Qué hacer? 

Varias cosas. Primero, le mando un mensaje al fiscal Francisco Barbosa: péguele una revisada a la relación de algunos gobernantes locales de las zonas donde ocurren las masacres, con el narcotráfico. Está el riesgo de que la plata del narcotráfico se vuelva a meter con fuerza en la política local. Eso se vivió con el paramilitarismo en territorios de Antioquia y la Costa norte. Ojo que puede estar pasando lo mismo, pero ahora con las bandas criminales.

Y lo que debemos hacer los políticos es tomar distancia de esa gente. Yo probablemente no los puedo enfrentar, ni llegar con Policía y tropa contra ellos, pero sí puedo tomar distancia. Y es lo mismo que deben hacer los gobernantes de las regiones. Les digo: aléjense, no le abran espacio a esa gente.

¿Qué le dice al presidente Duque sobre esa violencia?

Un gobierno nacional serio hacía inteligencia, indagaba quiénes estaban detrás de eso y los bloqueaba políticamente. No les daba ningún espacio, ni recursos, ni nada.

Finalmente, ¿cómo ve al Congreso y su rol en la pandemia?

Lo digo con cifras: 170 decretos analizados en seis horas en el congreso. Me parece que el Congreso debería de meterle más profundidad al manejo de la pandemia y hacer una evaluación crítica y propositiva. No hemos estado a la altura de una democracia que esperaría mucho más.

El artículo fue tomado en su totalidad del diario El Espectador, este fue publicado en su portal digital el día martes 25 de agosto de 2020. Por su importancia noticiosa e informativa para el Congresista, fue copiado  de la página www.elespectador.com a la web www.luisfernandovelasco.com.co por el equipo de prensa. La foto también es cortesía de El Espectador.

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